El acceso a la pornografía en niños y jóvenes está a sólo un clic en su teléfono celular. Muchas veces, los adultos entregamos un teléfono para que “se comuniquen con nosotros” y “estén seguros”, sin pensar que les estamos dando una llave para acceder a un mundo en internet, para el cual no siempre están preparados. Uno de los problemas que enfrentamos hoy como sociedad, es la normalización de este tipo de conductas de riesgo. Es por esto, que los padres y madres debemos abordar estos temas desde temprana edad, para prevenir el daño emocional que conlleva el consumo de pornografía. 

A continuación te entregamos algunos consejos:

1.-Explícale lo que es y no es pornografía. La pornografía, se define como imágenes, audio o videos de conductas sexuales explícitas. En la actualidad, la industria del porno está lejos de ser promotora de fotos de voluptuosas mujeres de PlayBoy. La industria ha evolucionado hacia la utilización de  escenas de alto impacto (sexo, violencia, consumo de drogas, machismo, escenas grupales, entre otros) para lograr altos niveles de excitación y enganche al usuario, reteniéndolos cautivos por más tiempo. Las imágenes sensuales o eróticas que insinúan una actitud provocadora no se catalogan como pornográficas.  Este tipo de imágenes es ampliamente usado en la publicidad actual. 

2.-Conversar desde pequeños y con naturalidad

En ocasiones dejamos esta conversación con los hijos cuando ya son adolescentes, pero es recomendable explicar el daño que provoca el consumo de pornografía desde la infancia. Es importante prevenir y estar atentos especialmente, en menores con acceso a tecnologías (celulares o videojuegos).  

Se debe tener presente que las imágenes pornografícas, en la mayoría de los casos, llegan al usuario a través de redes sociales y no necesariamente, por medio de la búsqueda en Google

Conversar con los hijos sobre cómo reaccionar cuando se enfrenten a un video o foto con contenido sexual, les ayudará a actuar con rapidez y evitar los daños que esto provoca. Explíqueles que ante una escena porno, deben apagar el teléfono o cerrar el navegador y pedir a un adulto que reinicie el equipo o bien, se asegure de eliminarlo. En algunas ocasiones los niños no piden ayuda a los padres en estos casos; por temor a que los castiguen, pero es importante abordar este tema como un riesgo que se debe evitar en conjunto

Ejemplo: “Si te llega un video que sabes que tiene contenido sexual, no lo veas, te daña tu cerebro. Elimínalo. Si no sabes cómo, pídeme ayuda”.

3.- Explicales el efecto de la pornografía en su salud emocional

 La llamada “droga del milenio”, hoy está orientada a generar en el espectador altos niveles de dopamina; neurotransmisor a cargo de hacernos sentir placer en la vida. Ante una imagen porno, la producción de dopamina se dispara varias veces por sobre los límites regulares y genera una sensación de excitación anormal. Cuando se pierde el estímulo, se producen estados ansiosos y de estrés lo que provoca en el usuario, la necesidad de volver a estimular su cerebro con una nueva “dosis” de porno. Esto es lo que llamamos el “circuito de recompensa”

Principalmente, el consumo de pornografía trae dos grandes riesgos:
  • Su exposición o consumo reiterado provoca una pérdida de control de los impulsos y la activación del circuito de recompensa cerebral, desencadenando en algunos casos, una adicción o trastorno conductual asociado al consumo de pornografía. 
  • Va generando en el inconsciente de los menores, una visión de la sexualidad y afectividad totalmente distorsionada, desvinculada de los afectos, del amor o el sentido pleno que implica “donarse al otro” en una relación afectiva.
4.-No la normalices

Si bien el consumo de pornografía es una práctica muy recurrente en la sociedad actual, debemos ser firmes en evitar este tipo de riesgos en nuestros hijos. No es una práctica que favorezca la salud mental y emocional de los menores, ya que genera un daño en su voluntad y en la capacidad de autoregularse frente a los impulsos sexuales.  Es muy importante que los menores vean buenos ejemplos en los adultos de su familia y que reciban la educación necesaria para prevenir el daño que implica el consumo de pornografía.